Alfas, amigos y familiares

Steve

Piloto vuelve a volar luego de perder la licencia debido al Alfa-1

Steve Wolbrink ama volar.

Tanto como para pelear por su derecho a hacerlo.

Su pasión y su determinación de seguir "volando" lograron que recuperara su licencia luego de que la FAA se la revocase cuando suspendió su examen físico debido al Alfa-1.

Wolbrink, de Mitchell, Dakota del Sur, recibió su licencia como piloto privado en 1982, años antes de que aparecieran los síntomas de Alfa-1. Cuando comenzó a sentir que le faltaba el aire -como muchos otros alfas- no pensó que había problemas. "No estaba demasiado preocupado. Simplemente no podía hacer lo que otras personas de mi edad sí podían", dice.

Luego, en 1995, Wolbrink se presentó para un puesto en PPG Industry, una compañía de fabricación de vidrio que exigía minuciosos exámenes médicos. Las pruebas en Cleveland Clinic dieron como resultado una radiografía anormal del tórax. Se lo envió a un pulmonólogo quien de inmediato hizo una prueba de sangre para detectar Alfa-1; Wolbrink finalmente obtuvo su respuesta.

A pesar de los resultados de los exámenes médicos, PPG se arriesgó con Wolbrink y lo contrató.

Durante los siguientes cinco años, la enfermedad Alfa-1 en sus pulmones empezó a pasar facturas, y la Administración Federal de Aviación (Federal Aviation Administration, FAA) se dio cuenta. Sus pruebas médicas para la FAA comenzaron a dar resultados por debajo de la norma. Sus resultados estaban por debajo del nivel mínimo de la función pulmonar requerida por la FAA para ser un piloto privado con licencia vigente.

Pudo mantener vigente su licencia durante un tiempo solicitando una emisión especial; quienes no cumplen con los requisitos mínimos de la FAA pueden usar esto por un período no determinado de tiempo. Luego, en el año 2000, la FAA no aceptó renovar su permiso especial y le revocó su licencia de piloto.

Pero Wolbrink es obstinado. Desafió al personal médico de la FAA en varios niveles y apeló ante la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (National Transportation Safety Borrad), la agencia que regula a la FAA. No tuvo éxito.

Después de dos años, estaba listo para abandonar la lucha. Luego, su esposa sugirió que se pusieran en contacto con los senadores y miembros del Congreso de EE. UU. Su persistencia, eventualmente, llamó la atención de Tom Daschle, senador de EE. UU. por Dakota del Sur, quien escribió una carta a la FAA.

La FAA decidió dar otra oportunidad a Wolbrink: si se hacía determinadas pruebas en una cámara de altura (simulador) para determinar los niveles de saturación de oxígeno en su sangre, considerarían volver a revisar los términos de su licencia de piloto.

Buscó una cámara de altura adecuada, y encontró una en un estado vecino. Todavía mejor: obtuvo la ayuda del Dr. Warren Jensen, Director de Investigación Aeromédica, Catedrático Asistente y Cirujano de Vuelo del Centro de Ciencias Aeroespaciales de la University of North Dakota en Grand Forks, Dakota del Norte.

El Dr. Jensen pasó casi todo un día evaluando las saturaciones de oxígeno de Wolbrink y comparándolas con la suya, a varias diferentes "alturas" (en la cámara, sin necesidad de elevar vuelo). Luego el profesor detalló sus resultados en hojas de cálculo y las presentó ante la FAA. El resultado fue un éxito aplastante.

La FAA decidió volver a otorgar la licencia a Wolbrink con ciertas restricciones respecto de su altitud máxima de vuelo y la condición de que debe someterse a revisiones periódicas para monitorizar la saturación de oxígeno.

Llevó dos años -y tanques de oxígeno y un oxímetro, que se convirtieron en constantes compañeros de vuelo- pero su persistencia, su trabajo, y la experiencia del Dr. Jensen dieron sus frutos. Obtuvo nuevamente su licencia.

En este momento, con licencia por discapacidad luego de 10 años con PPG, Wolbrink sigue disfrutando del placer de volar con su hermano, quien también es piloto. En el marco de las directrices de la FAA, utiliza un oxímetro con el que se monitorea en todo momento mientras vuela. Debe usar oxígeno adicional cuando está a 6,000 pies, o si sus niveles de saturación caen por debajo del 92%.

Hoy, Wolbrink podría aprovechar otra opción para pilotos. Bajo una nueva clasificación llamada licencia Piloto Deportivo, él podría volar pequeñas aeronaves de dos asientos con la simple autocertificación de su aptitud física para volar con seguridad. El sentido de la clasificación es simplificar el proceso y ahorrar a los interesados los gastos del placer de volar.

Luego de más de 25 años como piloto con licencia, sigue amando la vida en el cielo. "La sensación de libertad, la vista -no hay nada como eso si jamás lo has hecho", dice Wolbrink. "Es un nuevo mundo y no quiero rendirme".

Otra cosa que le gusta hacer nació de su relación con el Dr. Jensen. Wolbrink y su hermano hacen viajes anuales a la University of North Dakota para hablar ante los estudiantes de medicina sobre su propia experiencia personal y la importancia de realizar pruebas de Alfa-1 a sus futuros pacientes con EPOC.