Alfas, amigos y familiares
John
¡Vamos, papi! ¡Vamos!
John Kelley enfrenta la extrema competencia del Ironman para recaudar dinero y elevar la conciencia pública sobre el Alfa-1.
Luchó contra los mares del Pacífico, los fuertes vientos, y el ardiente calor de los campos de lava. Pero lo logró.
John Kelley, "un hombre común", se siente muy satisfecho con su participación en el Campeonato Mundial Ironman, edición 2007, en Kailua-Kona, Hawai.
Si bien no era esta la primera carrera de Kelley -ni su primer Ironman- fue la primera vez que recaudó dinero para una causa que le tocaba realmente de cerca. Esta vez, recaudó casi US$5,000 a favor de la lucha contra el Alfa-1, enfermedad que afecta a su hijo de 12 años. Su traje deportivo orgullosamente mostraba logos de la Fundación Alpha-1 y del Equipo Alpha-1.
Kelley, de Marshfield, Massachussets, llegó a Hawai con su esposa, Krisann, una semana antes de la competencia, no solo para disfrutar del paraíso de la Isla Grande. No. Él quería familiarizarse con el circuito del Ironman y asegurarse de estar bien descansado antes de la carrera.
La isla estaba llena de atletas de renombre mundial, que nadaban, montaban en bicicleta y corrían a todas horas, lo cual -en realidad- no calmaba la ansiedad de Kelley. (Estaba ahí gracias a la lotería "Common Man" (Hombre Común), que permite a 200 atletas relativamente "normales" competir con los mejores del mundo). Antes de la carrera, corrió los circuitos pedestre y de bicicleta; además, nadó un par de veces en el Pacífico.
Kelley solo tiene elogios para los organizadores de la carrera. Antes de la competencia, fue guiado personalmente a través del área de transición por uno de los asistentes asignados a cada participante, para asegurarse de que sabía dónde ir y que todas sus preguntas tuvieran respuesta. "Durante la carrera", (destaca ese lujo al que no se está acostumbrado) "en lugar de colocar tu propia bicicleta o tratar de encontrar las zapatillas, había un voluntario para ayudar en la preparación para la siguiente etapa".
Los asistentes del Ironman incluso les ofrecían toallas frescas y húmedas a los competidores para que se refrescaran entre disciplina y disciplina. Kelley en especial les agradeció luego de haber estado completamente cegado por el calor infernal que enfrentó durante el tramo de 112 millas en bicicleta.
"La humedad había sido terrible toda la semana, muy densa", dijo. "Había escuchado a algunas personas decir que las condiciones del clima eran perfectas, pero el calor era agobiante. Yo estoy acostumbrado a 50 grados y con cielo nublado".
En casa, los amigos y la familia de Kelley pudieron seguir sus avances en Internet. Cada vez que él llegaba a un punto de control, los resultados se transmitían al sitio web de la Competencia del Ironman. Familiares y amigos podían incluso recibir los resultados por mensajes de texto en sus celulares.
Además, los competidores podían recibir mensajes y palabras de aliento durante la carrera de parte de sus fans y de sus seres queridos. Kelley recuerda un cartel luminoso gigante colocado en la carrera; cuando se acercó vio las palabras: "¡Vamos, papi! ¡Vamos!" brillando en la pantalla: era un mensaje de sus dos hijos.
Kelley entiende tan bien como cualquier otro competidor que se necesita mucho más que estámina para competir en una carrera como esta. Uno también debe tener fortaleza mental para bloquear las distracciones y concentrarse en atravesar las partes más exigentes de la competencia.
Por ejemplo, parte del tramo pedestre fue a través de campos irregulares de lava en la Isla Grande. Recuerda las rocas negras sin fin y el modo en que los rayos del sol se reflejaban en ellas, haciendo subir la temperatura que, de por sí, era tórrida. Aunque había viento, no se trataba de brisas refrescantes. "No importa hacia qué dirección giraba, parecía que el viento siempre soplaba en mi cara", dice.
Con ninguna otra compañía más que sus pensamientos, Kelley se concentró en la cadencia de sus pasos y en su rítmica respiración. Sabía que si empezaba a pensar en el dolor en su pie o las millas que faltaba recorrer hasta el final de la carrera, sucumbiría ahí mismo. Era difícil no pensar en estar de vuelta en casa, descansando y cómodo, o en algo para comer, o en tantas otras imágenes seductoras. Cuando se sentía tentado con estos pensamientos, de inmediato debía cambiar su cerebro al modo carrera y focalizarse en lo que lo rodeaba.
"Trato de estar en el momento en que estoy", dice Kelley. "Cuando comienza a ponerse difícil, pienso en la belleza que me rodea. De alguna manera, es una forma de meditación. Estás solo con tus pensamientos, ordenas las cosas en tu cabeza".
En este caso particular, él también pensó en las personas que estaban en casa para quienes estaba compitiendo en esta carrera, en especial en sus hijos, la comunidad Alfa-1 y todos quienes lo apoyaban en casa. Dice Kelley que eran una de las razones por las que jamás pensó en abandonar.
Kelley tiene muchos gratos recuerdos. Un señor de 70 años, cuya carrera en Kona sería su quinto Ironman, le dijo muy alegre: "me parece que mi molde no está 'cortado' para esta distancia". Tenía una amputación doble, con luces intermitentes sobre sus prótesis; alcanzó a Kelley en la carrera sobre la autopista, para terminar la carrera fuerte y con energía. El apoyo de los voluntarios de la carrera: cuando estaba dando una vuelta en uno de los tramos de la bicicleta, uno de los voluntarios (alguien a quien jamás había visto y a quien jamás volvió a ver) le gritó: "¡vamos 7-5-2!", mientras pasaba resoplando.
Kelley cruzó la línea de meta mano a mano con Krisann. Finalizó el evento con un tiempo de 13:59:29 - algo menos de una hora que su primer Ironman en 2004. El gentío gritaba y festejaba; fue un momento triunfal.
Luego de una semana de relax en Hawai, los Kelley volvieron a su hogar en Massachusetts, donde fueron recibidos por familiares, amigos y la casa decorada con globos y carteles de sus hijos, felicitando al padre por su logro.
¿Y qué hace ahora que ha regresado a la vida "normal"?
Se despierta a las cuatro de la mañana y corre tres millas. "Tengo una especie de espinita clavada: calificar para la Maratón de Boston", nos cuenta.
Para John Kelley, la vida normal es la vida del entrenamiento, siempre preparándose para enfrentar otra carrera.
Equipo Alpha-1, un programa de la Fundación Alpha-1, alienta la participación de alfas en eventos deportivos para fomentar la concientización pública y la detección, y para recaudar fondos para apoyar la investigación y otros programas. Talecris Biotherapeutics es el principal patrocinador.
